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Contar palabras

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Desde que las redes sociales se han convertido en parte importante, por no decir esencial, de nuestras vidas, los escritores hemos visto como muchos de nuestros compañeros comparten de vez en cuando sus progresos en sus actuales proyectos diciendo cuantas palabras llevan escritas, o cuantas han sido capaces de escribir ese día. Yo mismo lo he hecho en más de una ocasión.

En respuesta nunca falta el que comenta que para escribir no es necesario ir contando las palabras que se escriben, que es una especie de “postureo literario” ir pregonando nuestros avances cada vez que nos apetece con el único fin de recibir una palmadita en la espalda.

¿Contar palabras es bueno o malo?

Todos los escritores contamos las palabras que escribimos. De hecho, la cantidad escrita nos da una pista de qué tipo de relato estamos escribiendo, de si nuestra historia no pasará de ser un relato corto o si, por el contrario, acabará siendo una novela.

Contar palabras es un problema cuando se convierte, desde mi punto de vista, en una obsesión.

¿Para qué sirve contar palabras?

En mi caso concreto, y éste es el objeto de este artículo, saber las palabras que escribo cada día se ha convertido en una necesidad. A raíz de un artículo del portal Ateneo Literario me di cuenta de la importancia que tenía la constancia cuando aspiramos a ser escritores serios (ni te digo ya si hablamos de profesionalizar la escritura). Ellos recomiendan como manera de trabajar la constancia el recuento diario de palabras. Como apoyo, ofrecen una excelente hoja en formato Excel en la que puedes ir apuntando tus progresos, marcar una meta anual y comprobar mes a mes, día a día, cuan cerca o lejos estás de ese objetivo.

Por supuesto, esta herramienta no es necesaria para escritores profesionales, en los que esta constancia se presupone, sino para aquellos aficionados o noveles que quieren dar un salto más en su desarrollo como juntaletras.

En mi caso concreto, que dispongo de muy poco tiempo libre para escribir, estos consejos y esta herramienta me han venido como agua de mayo. Me he establecido un objetivo anual de noventa mil palabras, lo que supone tener que escribir 323 palabras diarias. Ridículo, ¿verdad? Pues gracias a esto me di cuenta de que había días en que no llegaba a ese mínimo. Me pareció tan lamentable que empecé a tomarme el asunto un poco más en serio.

Hoy, siete meses después de empezar el control, escribo una media de 758, o sea el doble de lo necesario para cumplir mi objetivo inicial. Así pues, hoy he decidido aumentar mi meta a cien mil palabras anuales. Si tenemos en cuenta que mis novelas suelen tener entre ciento veinte y ciento cincuenta mil, no es mal obetivo.

A mí, contar las palabras que escribo cada día me ha servido para darme cuenta de cuando estoy aflojando y de cuando voy a buen ritmo y qué circunstancias me llevan en una u otra dirección. De esta forma encuentro una motivación extra que se viene a sumar al placer de escribir por sí mismo, pues veo que, cuando mi constancia está a pleno rendimiento, la historia avanza mejor, logro vencer a la desidia y todo fluye con más frescura y dinamismo.

Me he dado cuenta de que, si no me obligo un poco a mí mismo, no consigo avanzar en la dirección óptima. Lo comparo con hacer dieta o ponerse en forma: lo que al principio parece un coñazo y una obligación dura, a medida que vas viendo resultados se convierte en un placer y algo muy gratificante. Al final, lo incorporas a tu ritmo diario, a tu rutina, casi sin darte cuenta.

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La importancia de los hitos.

Mis hitos son las cifras redondas: 25, 50 y 75 mil palabras. A día de hoy mi novela lleva 52.872, por lo que he superado los dos primeros y estoy a punto de llegar a un minihito intermedio que es el marcado por las 60 mil, que es la cifra a partir de la cual, tradicionalmente, se ha considerado que un relato empieza a convertirse en una novela.

Con el tiempo, espero ir incrementando mis hitos como también lo haré con mis objetivos anuales. En medio año ya he visto que puedo exigirme un poco más. Si sigo así, y no veo que vaya a ser de otra manera, espero en poco tiempo poder subir aún más mis límites. Quizás, algún día, deje de necesitar ponérmelos.

Eso significará que escribir se habrá convertido en mi profesión y que no tendré necesidad de evaluar cada día mi progreso, que podré dedicarle todas las horas que precise y que los objetivos anuales empezarán a medirse en otra escala aún mayor.

A modo de conclusión…

Contar palabras, en determinadas circunstancias, no sólo es bueno, sino que puede ser imprescindible para evolucionar como escritor, aprender de nuestros errores y vencer nuestros límites.

Esto no debe confundirse con sentir la necesidad de compartir con todo el mundo cada día lo que hemos hecho. En mi opinión, estos avances deben ser privados, una pequeña satisfacción personal e instransferible que, desde fuera, puede resultar ridícula e incomprendida. Además, cansaremos a nuestros amigos y contactos si estamos continuamente diciendo lo mucho que hemos avanzado ese día. Nuestros lectores quieren trabajos terminados, no proyectos a medias.

Cuenta palabras como herramienta personal, no como forma de llamar la atención.

 

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El lector cero (o cómo darle alas a un amigo para que te ponga a parir)

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Cuando empecé en esto de la literatura siempre tuve ganas de que me leyeran. Digamos que sentía esa especie de exhibicionismo masoquista que me llevaba a ir dando a todo el mundo a leer mis textos (ya fueran poemas, relatos o cualquier chorrada super profunda e inspirada). Pero llegó un momento, cuando empecé a ver que quizás podía dedicarme algo más en serio al asunto, en el que empecé a guardar con más celo mis escritos.

Había nacido en mí una especie de miedo al plagio difícil de explicar. Las redes sociales y los blogs empezaban a proliferar y empezaba a encontrarme casos de otros aficionados que veian sus textos copiados sin piedad en foros de todo tipo. Por otro lado, cuando empecé a darle importancia a lo que escribía, empezó la vergüenza de pensar si seríatimidez-verguenza suficientemente bueno o no como para compartirlo.

Por estos dos motivos, cuando empecé a escribir la que sería mi primera novela, La sombra de Pranthas, apenas le dije nada a nadie y, cuando la terminé, sólo las personas más cercanas a mí la leyeron, como mi madre o mi hermano. Fueron mis primeros conatos de lector cero. Enseguida me di cuenta de que mi madre no servía para lo que necesitaba, que siempre tendía a justificar mis errores o meteduras de pata. Mi hermano fue un poco más crítico, afortunadamente.

Pero fue con La tierra negra cuando decidí ir más allá. Por ese entonces ya tenía algunos amigos y lectores que seguían con interés las aventuras de Árgoht y me insistían en que sacara ya el nuevo libro. Escogí a cuatro de cuyas opiniones me fiaba a ciegas y les entregué el manuscrito. Fue un gran paso, porque era la primera vez que ofrecía un texto a alguien ajeno a mi entorno seguro, con todos los riesgos que eso supone. Yo sabía que ellos, no sólo no iban a piratear mi trabajo, sino que serían capaces de hacer una crítica constructiva y fiable sobre la novela. Además, al ser varios, me aseguraba visiones diferentes (a veces divergentes) sobre ella. Durante semanas esperé con una mezcla de temor y ansia sus valoraciones y, aunque sólo dos de ellos lograron terminar, debido a sus múltiples ocupaciones, las opiniones vertidas sobre el manuscrito resultaron de vital importancia para que el resultado final fuera redondo.

Con mi más reciente trabajo, Adalid, no me lo pensé ni un instante, aunque esta vez sólo entregué el texto a tres personas. De nuevo, cada uno encontró fallos y ofreció sugerencias, no sólo que a mí se me habían pasado por alto, sino que llegaban a enriquecer la novela y la experiencia lectora.

Así pues, si tienes intención de publicar algo, o de empezar a mover un texto por editoriales, te recomiendo encarecidamente que primero lo repartas entre un buen puñado de lectores cero. Te puedes llevar más de una sorpresa.

Pero, ¿cómo elegir a un amigo como lector cero?

Esa es la gran pregunta. En mi caso, como ya dije, busqué personas cercanas a mí, con gustos afines y a las que consideraba, no sólo de fiar, sino con suficiente criterio como para que sus opiniones fueran sensatas y meditadas.

Debes tener suficente confianza en esa persona como para aceptar críticas negativas, pues estas son las que más y mejor harán crecer tu novela. Yo, que he sido lector cero alguna vez, me disculpo de antemano por lo que voy a hacer. Y es que el lector cero tiene ahora-me-enfadoque ser duro, implacable e, incluso, un poco cruel. Sin embargo, esto no quita que, cuando una frase, fragmento o capítulo me guste especialmente o el autor ha demostrado una especial insipiración, también le deje comentarios elogiosos. Como escritor, no debes enfadarte por los comentarios de tus lectores cero. Da siempre por sentado que te los hace con intención de ayudar.

Lo importante del lector cero es que no deje que la relación que le une con el escritor perturbe su criterio. Parece extremista, pero al final, cuando el libro esté en las estanterías y lectores ajenos dediquen su tiempo a leer la novela, todo eso habrá valido la pena. Saber que la obra está lo más pulida posible, sin fallos de continuidad o de coherencia, de una tranquilidad difícil de explicar. En cambio, que un lector detecte un error o un disparate, puede tirar a la basura todo el trabajo dedicado a la novela. Sólo uno, un fallo, puede echarlo todo por tierra.

Acojona, ¿verdad? Pero es que es la pura realidad.

Si tienes intención de tomarte esto de escribir en serio, ve pensando en varios amigos a los que puedas usar como lector cero. No te arrepentirás y tus lectores finales, los que van a pagar por comprar tu libro, te lo agradecerán.

Nace Kelonia Editorial, una edición diferente

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Hoy se ha hecho oficial algo que venimos sabiendo desde hace meses. Kelonia Editorial es una realidad por fin. Es ilusionante por muchos motivos: por las personas que hay detrás del proyecto, por las intenciones con las que nace, por los géneros que van a trabajar y porque aportan sangre fresca y sana al sector editorial de este país.

Dicen en la nota de prensa enviada:

Kelonia editorial acaba de nacer y lo hace como un compromiso hacia los lectores de todas las edades, pero sobre todo enfocada a una literatura de calidad, ya sea juvenil, infantil o de género, formando de esta manera los sellos de edición Kelonia Joven, Kelonia Xic y Kelonia Ficción respectivamente.

Desde este humilde rincón de la red, deseo a Kelonia Editorial y a todos los implicados en su desarrollo y construcción (doy fe del enorme esfuerzo y cariño que ha puesto Carmen Cabello en esto, como en casi todo en lo que decide embarcarse) una larga vida y muchos éxitos. Espero que vayamos de la mano en el futuro y que podamos comentar muchas y muy buenas novedades con el sello de la tortuga.

¡Enhorabuena!

Kelonia Editorial Logo

Más revisión de LSdP

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¡Si es que la mente no se puede quedar quieta! Cuando ya creía tener LSdP revisada y en su versión definitiva, no se me ocurre otra cosa que volver a leerla. Y claro, surgen nuevas ideas, nuevos planteamientos y ¡hala! a escribir otra vez.
Así pues, estoy añadiendo algunas cosas para darle más profundidad a la trama y a los personajes, sobre todo a algún secundario que quedaba demasiado en sombras. Creo que cuando haya terminado la novela será más completa, más redonda.
Dicho esto, es evidente que el paso hacia las editoriales tendrá que esperar un poco aún…

Lulu.com

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No soy muy partidario de la publicidad gratuita, pero me gustaría hablar de lulu.com, la web en la que he publicado mi libro, Sueños y Realidades, pues ha sido una grata sorpresa después de mucho buscar la forma de autopublicar mis textos y no encontrar más que estafadores en la red.
Lulu.com es una página fácil de usar, muy intuitiva y que ofrece un servicio de calidad, rápido y, quizás lo más importante: gratis.
Ellos ponen a tu servicio las herramientas necesarias para la publicación y sólo imprimen aquellos ejemplares que se venden (impresión bajo pedido), por lo que se ahorra en papel y gastos de almacenaje. La ganancia de la empresa es un euro por cada uno de tus libros vendidos.
Una de las principales ventajas que le encuentro al servicio es que tú decides el beneficio que quieres obtener con tu libro. Ellos te marcan el costo que tiene la impresión, le suman su euro y lo demás lo decides tú. O sea, el precio final de tu libro depende de ti.
Respecto a la calidad del producto final debo decir que hasta ahora sólo he visto libros en tapa blanda y, sin ser una maravilla, está bastante bien. Se puede publicar en tapa dura, pero hasta ahora no he tenido ocasión de ver ningún ejemplar, por lo que no sé qué tal están.
Una vez que haces el pedido y lo pagas (via Paypal o por tarjeta) suele tardar en torno a una semana, otra cosa que me ha sorprendido gratamente.

En resumen, de todas las páginas que existen en Internet de autopublicación, ésta es la única por la que por fin he podido ver mi libro hecho realidad. Hasta ahora no me arrepiento.

Un saludito!
R

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Periodista y escritor, autor de 'Hijos del dios binario' y 'El guerrero a la sombra del cerezo'

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El libro está en peligro. Desde este blog, la sargento Margaret y sus amigas estarán atentas a lo que ocurre en el mundo editorial en castellano para denunciar todo aquello que pueda hacer daño al libro. Para contactar: margaret.salvacion@gmail.com

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