Una de las distinciones más frecuentes que se pueden ver entre tipos de escritores es aquella que separa a quienes son brújula de quienes son mapa. Los segundos son aquellos que antes de sentarse a escribir trazan un esbozo pormenorizado de la trama de sus obras, personajes, escenarios, etc. De esta forma, cuando se sientan a escribir sólo van rellenando de contenido el esquema previo. Lei en alguna ocasión que Ken Follet era capaz de escribir cincuenta páginas sólo con el borrador inicial de la novela; solo para trazar las líneas generales de la obra.

En el otro lado, los escritores brújula son aquellos que, partiendo de un premisa simple o muy básica, se lanzan a escribir a la espera de que la historia se vaya desarrollando por sí misma, sin ataduras ni corsés preconcebidos.

map-to-find-treasure-coloring-pageAmbos tipos son perfectamente válidos y tienen elementos a favor y en contra, desde mi punto de vista. Quien tiene una línea argumental completa, puede que incluso ya separada por capítulos, tiene menos probabilidades de quedarse atascado en mitad de la narración. Los obstáculos ya los habrá vencido durante la etapa de desarrollo, así que sólo tiene que dejar fluir las palabras.

A mi me encanta ser del otro tipo, de los brújula. Me gusta la sensación de sentarme ante el teclado, con el punto y seguido del día anterior ante mis narices y sin tener ni puñetera idea de qué me deparará ese día la inspiración. El principal defecto que tiene este método es la falta de anticipación sobre las lagunas, los pantanos y los charcos en general que la historia puede ir encontrando, de forma que de vez en cuando me ahogo en alguno de ellos. El tiempo que un mapa ha gastado en resolver este escollo durante la fase de desarrollo tengo yo que gastarlo ahora.

Aaaaaaamigo, pero yo he encontrado una digna solución para evitar el atasco y la brujulaconsiguiente desesperación de tratar de escribir y no dar con las palabras adecuadas: sigo adelante. Así de simple. Si sé que en un capítulo debe ocurrir algo pero no tengo claro cómo hacerlo, me limito a pasar al siguiente, una vez esa situación esté resuelta en la cronología de la historia. Y esto es posible porque, si bien he dicho que voy allí donde me lleva el viento, es evidente que algunas ideas previas tengo ya ancladas en mi mente que me dicen a dónde quiero llegar o qué quiero escribir. Estas ideas marcan un vago sendero del que suelo apartarme para dar largos rodeos pero que siempre me llevan a donde yo quiero llegar. Por el camino surgen nuevos problemas, nuevos personajes y alguna trampa divertida, pero casi siempre logro reencauzar el camino. Si no es así, lo más seguro es que mis pasos me lleven a un destino aún mejor que el que tenía en mente.

Escribir con bújula es como lanzarse al camino sin saber muy bien qué ruta escoger ni las aventuras que vas a vivir en el trayecto. Lo encuentro muy estimulante.

¿Y tú? ¿Eres más de mapa o más de brújula?

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