El mundo de la creación en general y de la literaria en particular está lleno de supersticiones, misterios y casualidades (o no) que pueden dejar boquiabierto a más de uno.

Yo, que no soy muy dado a estas cosas, ayer tuve una revelación que me sorprendió mucho. Ayer 10 de Diciembre de 2015 comencé la redacción de U’rkoan, tercera entrega de la trilogía La senda del destino y quinto y último libro de la saga de Árgoht (hablé de él hace poco en esta entrada). Es un poco antes de lo previsto, pues pensaba dedicar algo más de tiempo al desarrollo de la trama y perfilar los detalles, pero no pude contener más el impulso y el texto me llamaba a gritos.

Pues bien, la fecha de ayer despertó algo, un recuerdo en mi cabeza, algo que tenía que comprobar. Abrí el fichero de Adalid con una sospecha anclada entre las sienes y, en efecto, empecé la redacción de esa novela el 15 de Diciembre  de 2013 (sí, lo apunto siempre. Me sirve para saber el ritmo de escritura que he mantenido), sólo cinco días de diferencia y una dilación de dos años.

Es una tontería, una casualidad que sólo me lo parece a mí, pero sentí una conexión extraña entre ambos textos más allá de la mera continuidad de la historia, la trama y sus personajes. Algo encajó.

Una sensación, un pálpito, una premonición que me hace pensar que saldrá bien, que llegaré al final de este largo camino que el Destino de Árgoht está cada vez más cerca.

¿Me acompañarás hasta el final, querido lector?

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