Hace poco tuve la ocasión de terminar La daga de la ceguera, segunda entrega de la saga El portador de luz de Brent Weeks, quien para mí es una de las voces más sugerentes del panorama fantástico en la actualidad.

Después de sorprender a medio mundo con la trilogía El ángel de la noche, publicadas en España por Plaza y Janés, hace poco culminó la tercera entrega (serán cuatro) de este El portador de luz, compuesta a día de hoy por tres novelas: El prisma negro, La daga de la ceguera y El ojo fragmentado.

Como no hice reseña del primero, hablaré hoy de los dos, así mato dos pájaros de un tiro.

Una de las cosas que más me enganchan de Weeks es que su forma de escribir es muy parecida a la mía: capítulos cortos (más escenas que capítulos propiamente dichos), mucha acción, mucho diálogo y un estilo narrativo alejado del emperifollamiento, contando lo que quiere contar sin excesos ni adornos innecesarios.

La sinopsis de LDdlC es:

No hay luz sin sombra. No hay sombra sin secreto. Gavin Guile pensaba disponer de cinco años más de existencia como Prisma, pero resulta que le queda menos de uno. Con cincuenta mil refugiados a su cargo, por no hablar de un hijo ilegítimo al que hay que formar en las artes mágicas y una ex novia que podría haber descubierto su más oscuro secreto, le llueven los problemas. De repente, la magia se descontrola en todo el mundo y genera un caos que amenaza con acabar con las Siete Satrapías. Peor aún, los dioses antiguos están a punto de renacer, y sus ejércitos parecen imparables. Tal vez el único camino para la salvación sea arrojar luz sobre la mentira que rige la vida de Gavin desde hace dieciséis años.

La primera novela, El prisma negro, me generó una cierta desazón inicial. Avanzaba despacio, personajes algo esteretipados y una trama que, aunque no era nada complicada, se me hacía muy lineal y previsible. Pero la cosa cambia, la novela mejora y la terminé deseando leer el siguiente.

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Así llegó La daga de la ceguera, y todo cambió para mejor. Una vez que conocemos a los personajes, el autor no desperdicia ni una línea en presentarlos, la acción se dispara desde la primera página y no decae en ningún momento la intensidad de la historia. El pasado de cada personaje cobra protagonismo y peso específico, afectando a las decisiones del presente, lo que le da empaque y seriedad a todo el trabajo del autor. Al final, todo se disparata y, en una apoteosis grandiosa, la novela termina haciéndome desear empezar el siguiente. De hecho, si no me he puesto con él es porque estoy esperando por mis compañeros del foro Abretelibro, con los que estoy haciendo una lectura conjunta.

En fin, una novela entretenida, adictiva y una fiel representación de la fantasía actual. Muy recomendable.

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