Leandro Pinto lo ha vuelto a hacer. Si bien ya venía sorprendiéndonos con cada nuevo trabajo, como su novela anterior, Consejera nocturna, con su nueva creación, Pandemonio, ha logrado darle una vuelta de tuerca a su carrera y sorprendernos con un trabajo maduro, equilibrado y de muy buen gusto.

En ella conoceremos Pandemonio, el infierno según Leandro Pinto, y a Merlin, un nuevo inquilino al que se le encomienda una misión un tanto peculiar que puede marcar el devenir tanto de la humanidad como del propio Pandemonio.

Aunque ya en sus novelas anteriores podemos verle tratar a varios personajes con soltura, es en esta cuando realmente le he visto tomar las riendas de sus vidas y convertir a cada uno de ellos en pieza esencial de la trama, dándoles profundidad y color, carácter y sentimiento, de forma que cada cual representa a la perfección su papel, sin páginas de más ni palabras de menos. Porque hay muchos personajes en esta novela y todos están perfectamente dibujados para resultar creíbles y atractivos. Y es que Pandemonio, para mí, roza la perfección como novela, combinando una trama trepidante y adictiva, con unos personajes bien tramados y diferenciados, cada uno en sus circunstancias. La consecuencia de esta conjunción es una novela redonda a la que ni le sobra ni le falta nada.

A modo de entrante, un párrafo que para mí describe perfectamente el salto de calidad que podemos obserpandemoniovar en Leandro como autor desde aquel lejano (aunque no tanto) Orlando Brown, hasta hoy:

“Sólo entonces Merlín tuvo una visión clara de la naturaleza de su visitante: era la sonrisa que derretía los hielos polares, la sonrisa que provocaba los temblores, los tifones y los maremotos. La sonrisa vil de todos los asesinos de la tierra, la sonrisa letal del hongo expansivo de una bomba nuclear, la sonrisa desafortunada del techo de una iglesia que se derrumba y mata a sesenta feligreses, la sonrisa de la madre necesitada que, en la oscuridad de su mísera caravana, ahora a su bebé. Los ojos del hombre centellearon y emitieron un fuego maligno: el fuego de cada arma que se disparaba en la guerra, de cada máquina industrial que se tragaba a un hombre en un accidente laboral. El frenesí de los leones hambrientos que devoran a los misioneros en la estepa, o del rayo que cae en plena tormenta y fulmina al cándido que sostiene la antena de su televisor bajo la lluvia. En sus ojos nacía el brillo del fuego que consume una casa, un edificio, toda una manzana. El resplandor ardiente de la enfermedad que carcome las células y consume un cuerpo otrora vital. La enfermedad que anula el sistema defensivo y convierte al cuerpo en un ente vulnerable, propenso a morir a causa de la más ligera brisa. La enfermedad que satura las arterias de lípidos obturadores y de azúcares malignos. Era la infección, la insuficiencia, la necrosis.

La muerte.”

 

Brutal.

No te la puedes perder.

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Crónica de la presentación de Pandemonio en el blog de Leandro Pinto.

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