Hay una pregunta recurrente en este mundillo literario tan picajoso de nuestros días: ¿pero es que hay más escritores que lectores? Esta pregunta surge al ver el inmenso esfuerzo que los autores tenemos que hacer (incluso los publicados por las “grandes”) para darnos a conocer, para encontrar un hueco en las estanterías de los lectores que aún no se han pasado al libro electrónico. Cada lector que se acerca a alguno de nuestros libros es visto como un éxito, un pequeño hito en nuestra carrera literaria. Si ese lector reseña el libro o lo comenta en alguna red social, ya nos vamos a dormir con una sonrisa en la boca y nos permitirá madrugar (o trasnochar) al día siguiente para seguir aporreando el teclado y contando historias.

Vivimos una época compleja, de cambios, de crisis en todos los sentidos que amenaza con barrer el sector literario tradicional. Si bien hace tres o cuatro años, cuando la crisis económica arreciaba, el libro aguantaba el tirón, parece que en el último año quiere recuperar el terreno perdido y ponerse al nivel del resto de sectores agrietados: según la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) el sector ha registrado una bajada de ventas de casi el 12% desde 2012 y casi el 41% en los últimos seis. ¡41%, que se dice pronto! Puedes ver las cifras detalladas aquí.

Es terrible. Simple y llanamente.

Se aducen varias causas para esta debacle, pero una de ellas apunta al sector del libro digital, que es el único que aumenta en ventas. Cuando a mí, como librero, me preguntan si la piratería está afectando al libro en papel siempre respondo que no, que lo tradicional aun aguanta el tirón, pero puede ser que estuviera hablando con el corazón más que con la cabeza. A las pruebas me remito.

Y vuelvo a la pregunta inicial: ¿hay más escritores que lectores?

A poco que uno pasee un buen rato por Facebook encuentras muchísimos grupos de escritores que se unen para dar a conocer su trabajo, pero casi todos ellos pecan de lo mismo: no consiguen lectores con ellos, sino que se unan más escritores. ¿De qué sirve entonces? Los escritores de la tierra, más que menos, nos conocemos, pero seguimos sin darnos a conocer, sin llegar a las librerías, pasando sin pena ni gloria con cada publicación.

Pero a veces nos llegan noticias alentadoras, como la entrega del premio Hammet al bueno de Alexis Ravelo y uno recupera la fe en que se puede llegar a algo, en que con trabajo y sacrificio, con esfuerzo y paciencia, el reconocimiento puede llegar.

Por mi parte, sin prisa pero sin pausa, sigo en ello, tecleando a ratitos, exprimiendo gota a gota mis historias para que caigan sobre el papel y cobren vida, lanzándolas al viento con la esperanza de que lleguen a una estantería que las quiera, las mime y les de un hogar. Sigo trabajando, no para que haya menos escritores, sino para que haya muchos, muchos más lectores.

Les dejo. Voy a leer un rato.

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