Llevo años ya leyendo y escribiendo. Lo hago por amor y disfrute, sin presiones ni obligaciones. Eligo el género que me apetece cuando me apetece y no tengo reparo en elegir autores noveles sobre grandes nombres.

Hace también muchos años que me vienen recomendando una lectura obligada: H.P. Lovecraft. Considerado un clásico del terror, un pionero en su género, sus seguidores son legión en todo el mundo y sus mitos de Cthulhu han inspirado libros, juegos de todo tipo, artículos, páginas web… Un autor al que hay que leer en algún momento.

Por esta idea de que hay que leerlo, y sintiendo que debía estar perdiéndome algo grandioso al no haber abordado nada suyo, hace poco me puse con una pequeña antología publicada hace años por El País. Apenas cinco relatos de los más clásicos.

Era tal el ruido que tenía en la cabeza diciéndome que aquella lectura debía gustarme, que empecé casi que a sentirme mal cuando terminaba un relato y empezaba otro sin que llegara a conectar con ninguno de ellos, sin sentir el esperado momento de epifanía que me hiciera arrepentirme de no haberle dado una oportunidad antes. Pero ese momento no llegaba. El final del libro llegó y pasó y me quedé igual. No sentí ninguna revelación, no experimenté ninguna revolución literaria en mi interior.

No digo que  no me gustara, ni mucho menos, pero tampoco respondió a la expectativa que había puesto en él.

Y esto me ha hecho preguntarme hasta qué punto nos afectan las influencias externas, las recomendaciones e insistencias de otros amigos y lectores. Si hubiera tomado a Lovecraft sin tan altas expectativas tal vez lo hubiera disfrutado más. Si no hubiera estado buscando en cada palabra el acontecimiento excelso que justificara la pasión que se tiene por ese autor en todo el mundo, tal vez no me habría sentido internamente decepcionado al final.

¿Influye lo que nos dicen de un libro sobre la percepción que tenemos de él?

¿Si nos insisten mucho en que un libro es malo, cuando lo leamos podremos hacer una valoración objetiva sobre él o de manera inconsciente nos dejamos llevar por el prejucio y asumiremos que lo es? Y al revés, por su puesto.

¿Hemos leído libros que debían se buenos por que todo el mundo los ha leído o porque todo nuestro entorno nos lo dice?

Esto me ha abierto los ojos. A partir de ahora trataré de obviar los comentarios sobre libros que me apetece leer (cosa difícil, lo sé), hasta haberle dado una oportunidad. Como escritor, es lo que desearía que hicieran con mis novelas, que el lector se acerque a ellas sin ideas preconcebidas sobre el género tratado o sobre su calidad y se embarque en la aventura virgen de opiniones suicidas.

Sí, lo haré.

Y a Lovecraft, por supuesto, le daré otra oportunidad.

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