Siempre me han gustado las series de televisión. Desde las antiguas como El coche fantástico o Los problemas crecen, hasta las más recientes, como DexterPerdidos; y por supuesto, mi debilidad: Friends. Es por esto que he visto casi de todo en ellas y he disfrutado con géneros de todo tipo: la incertidumbre de Perdidos, la sana diversión de Friends o el misterio con toques de terror (a mí me lo parecía en su momento) de Expediente X.

De un tiempo a esta parte, las series han tenido un resurgimiento espectacular: Espartaco, Mad men, ScandalFringe y, muchas, muchas más que no he podido ver por que la omnipresencia no figura entre mis superpoderes. Pero si hay dos de las que se viene hablando especialmente en los últimos años, esas son Juego de tronos y The walking dead.

La temática zombie nunca ha sido mi debilidad, por lo que la segunda ha pasado ante mis ojos sin que llegara nunca a detenerme en ella en serio, a pesar del bombardeo constante tanto por parte de la publicidad como de mis conocidos que la estaban viendo y alucinaban con ella. Por fin, recibí de regalo de cumpleaños la primera temporada en Blue ray y vi la ocasión de darle una oportunidad. Mi primera sorpresa fue lo poco que dura: seis capítulos escasos me parecen pocos, muy pocos. La serie empieza muy bien, con escenas muy angustiosas y muy duras, pero a medida que avanza la historia nos encontramos con una trama facilona, personajes planos y capítulos lentos en los que apenas pasa nada. Como ejemplo, la protagonista, Sarah Wayne Callies (la vimos también en la decepcionante Prison Break) se limita a abrir mucho los ojos y gritar de vez en cuando, sin aportar absolutamente nada a la trama.

El protagonista, un sheriff que se encuentra con el pifostio del apocalipsis zombi tras haber estado algún tiempo en coma, es interpretado por Andrew Lincoln, quien apenas expresa nada en sus apariciones y siempre tiene el mismo aspecto de alguien que lucha entre su papel de pardillo y el de héroe, quedándose siempre a medio camino.

El sheriff recién recuperado de su coma. El mejor capítulo de la temporada es el primero.

Terminé la primera temporada igual que la empecé y no me dejó con la sensación que sí consiguen muchas otras de ansiar ver la segunda. La veré, sin embargo, a ver si mejora y puedo cambiar de opinión.

En el otro extremo está Juego de Tronos. Basada en la exitosa serie de libros Canción de hielo y fuego firmada por George R.R. Martin, llegó rodeada de una gran expectación y no creo que haya decepcionado a nadie.

Con un reparto de lujo, formado por Sean Bean, Lena Headey, Peter Dinklage o Jason Momoa, entre muchos otros, la historia está repleta de momentos épicos, escenarios espectaculares y diálogos absolutamente increíbles. La historia avanza a un ritmo vertiginoso que te obliga a ver un capítulo tras otro, con sorpresas y giros casi en cada uno de ellos que hacen bailar a los personajes de un lado para otro como marionetas de un destino incierto. La magia se mezcla con las pasiones más humanas: traición, rabia, amor, ira… La guerra entre las casas más importantes nos depara momentos de gran intensidad e interpretaciones por parte de los actores que les han valido ya varios premios.

Entre todos ellos destaco, como casi todo el mundo, la estupenda recreación que hace Peter Dicklage del enano Tyrion, el personaje más carismático y atractivo, tanto de los libros como de su adaptación televisiva. Clave en toda la trama, el actor clava tanto su aspecto físico como su expresión, y los diálogos que salen de su boca son, simplemente perfectos. Otra actriz que clava su personaje es Lena Headey (Sarah Connor en Las crónicas de Sarah Connor), cuya interpretación de Cersei Lannister roza la perfección.

Comparando una serie y otra, ya que las he visto muy seguidas una de otra, no puedo evitar notar las carencias de The walking dead respecto de Juego de tronos. En la segunda, cada capítulo es un no parar de acción, con una trama que avanza a pasos agigantados. Como única pega pondría que diez capítulos por temporada me parecen muy pocos. En TWD, me quedo con la sensación de que la historia no avanza, como si hubiera visto un prólogo o un piloto de seis horas. Le falta algo.

No voy a discutir aquí la calidad de una y otra, pues ambas están muy bien hechas y han ganado premios por el buen trabajo realizado en ellas, sino de mi apreciación totalmente personal y subjetiva.

Al final de los finales, JdT espero que no se acabe nunca, mientras que TWD podría terminar mañana que me importaría un comino y medio.

Eso sí, cuando haya visto la segunda temporada de los zombies, espero haber cambiado de opinión. Desde luego, algo debe tener. Para mí, de momento, ni chicha ni limoná.

¡Winter is coming!

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