Pues sí, parece que da igual lo que haga, da igual las ganas y el esfuerzo que le ponga, da igual el interés y las veces que trague saliva… Da igual. Sigo topando con la pared. He superado muchos escollos y, poco a poco, he ido logrando mis objetivos, pero este escollo llamado Mundos Épicos ha logrado vencerme. Me rindo. No puedo más.

Hoy, un centro escolar de Tenerife ha anulado un pedido de veinte ejemplares de la novela La sombra de Pranthas (publicada con esta “editorial”) que tenían pedidos desde enero sin que la editorial haya sido capaz de responder al pedido. Cualquier autor sabe lo difícil que es vender veinte ejemplares, que sí, que parece poco, pero hay que ver lo que cuesta en los días que corren.

Tras varios correos cruzados con el editor David Velasco en el que les instaba a agilizar el proceso, que a un centro no se le puede dejar tirado, la única respuesta que recibí por su parte fue un “estamos estudiando los datos”. A día de hoy, esos datos siguen en estudio, por lo visto.

Así que eso es lo que hay, amigos y amigas. Si alguien quiere comprar La sombra de Pranthas, que sepa desde ya que no lo va a conseguir, que la editorial no responde por los ejemplares que aún están en circulación. La edición no está ni mucho menos agotada, pero desde luego no los va a encontrar en las librerías. ¿Dónde están esos libros? Eso sólo algún dios loco de los libros lo sabrá. Y la editorial, por supuesto, si es que existen, cosa que ya pongo abierta y públicamente en duda.

Somos muchos los afectados hartos del ninguneo y el maltrato de esta editorial de autoedición que se escuda en una coedición para sablear al autor novel y, con su dinero, pagar a autores consagrados. Somos muchos los que tenemos una novela publicada con ellos que es imposible de conseguir en tiendas a pesar de que las ediciones siguen vigentes y en catálogo. Hasta ahora hemos sido discretos, hemos callado porque esos libros siguen por ahí, pululando en el limbo de los libros perdidos, y no queríamos tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Pero ya estoy aburrido. Me rindo. No aguanto más ser ignorado y que mis correos electrónicos no se respondan o lo hagan semanas después de haber sido enviados. Estoy aburrido de pedir libros y que no lleguen, de que no pueda vender mi obra en mi propia librería porque “no hay”.

Déjenme reír para no llorar.

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