Inmerso en la región más occidental del reino de Ereth se encuentra el valle de Pranthas, un terreno fértil a la sombra de la impresionante cordillera Tartak-oth, cuyo pico más elevado, el monte Tartak, conserva su cumbre nevada todo el año, ofreciendo al visitante una estampa impresionante. Al este se encuentran las colinas Yermath, que ofrecen como paso desde el este, desde la capital, el Paso del Mulo.
El valle lleva habitado practicamente desde la fundación del reino, pues pronto se comprobó que sus tierras eran ricas para la agricultura y la ganadería, lo que le confieren un especial valor para el rey asentado en Ereth. Son tres las poblaciones principales que lo habitan: Pranthas, Qandarië y Klirs, siendo la primera la más poblada y próspera, con una población que ha llegado en ocasiones a los dos mil habitantes, lo que la convierte en la tercera más poblada, después de Trennant y la propia capital, si bien su población se encuentra dispersa en una amplia zona ocupando granjas y grandes cultivos alrededor de un pequeño núcleo central en el que se encuentran los edificios más importantes del pueblo.
El valle se encuentra cruzado por el río Man-Ûrlin, que nace en las montañas y discurre en dirección sur-suroeste hasta el Tar-Ereinan, el Mar Dorado, al que desemboca en un delta junto a la ciudad de Rishmar. Este rio aporta gran parte de la riqueza a la región, pues sus limpias y cristalinas aguas son una fuente continua que irriga los campos con generosidad.
Los acontecimientos que obligaron al hechicero Árgoht a acudir a Pranthas fueron los más graves ocurridos durante toda su historia, ocasionando una riada de personas que abandonaba el valle por temor a aquello que estaba atacando a sus hijos y sus animales y que eran incapaces de capturar e, incluso, de apenas ver. Cuando llegaron a la conclusión de que no era un animal que pudieran cazar con sus medios, pidieron ayuda al rey para encontrar una solución.
(Extracto de Geografía e Historia de Thera. Varios Autores.)
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