Para mí, como aficionado a la literatura por un lado, y como escritor por otro, es especialmente trascendente el día de hoy, 23 de Abril, Día del Libro. Hoy se representa la máxima expresión de mi mayor afición y se celebra la existencia y desarrollo de un medio de expresión y comunicación sin igual ni parangón. No voy a enumerar las bondades de la lectura y la escritura, pero sólo diré una cosa: un libro te hace volar, soñar, crecer, madurar, aprender, imaginar… Podría seguir añadiéndo infinitivos y me seguiría quedando corto. La literatura, sobre todo planteada como medio de aprendizaje y desarrollo cognitivo y social, es un pilar elemental, un inmenso árbol que crece sin parar pero que aún necesita mucho abono para que se haga fuerte y poderoso, para que sea tan alto que pueda ser visto desde cualquier lugar.
Pero hay más: como elemento de equilibrio, tanto para el que lee como para el que escribe, es fundamental. Para el que escribe suele significar el desahogo, la forma de expresar algo que de otra forma quizás quedara inexpresado. Para el que lee significa la evasión, la distracción y la relajación ante un buen texto. Ambas cosas igual de importantes, ambas igual de imprescindibles.
Así pues, el Día del Libro es una celebración digna de celebrarse por todo lo alto. Sal a la calle y compra un libro para regalárselo a tus seres queridos. Entra en una librería y quédate un rato allí, hojea las estanterías y elige varios diferentes, compara argumentos y autores, empápate de ellos y elige el más adecuado para cada destinatario. Quizás, si tienes suerte, también a tí te caiga alguno…
¡Feliz día del Libro! ¡Qué leas mucho!
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