A veces uno se lleva pequeñas sorpresas y alegrías en el día a día. ¿Quién no ha conseguido alguna vez llegar al curro sin pillar ni un sólo semáforo en rojo? Esas pequeñas alegrías dan sentido a la vida, al devenir diario y a evitar el hastío.
Pues yo hoy he tenido una: Santiago Gil ha visitado mi blog y ha dejado un comentario a modo de presentación. Alguien dirá: “Pues vaya chorrada”, y oye, que lo respeto. Pero a mi me ha hecho especial ilusión, que quieren que les diga. Y es que en la gigantesca red de Internet es muy fácil perderse y pasar desapercibido, ser ninguneado. Pero él me ha encontrado y ha querido hacérmelo saber. Y me ha parecido algo fantástico.
Como es de bien nacidos el ser agradecido, como muestra de gratitud le he devuelto la visita y he descubierto una bitácora casi recién creada, todavía calentita. En ella, Santiago nos va dejando pinceladas de sí mismo en forma de excelentes textos llenos de… todo.
Para muestra, un botón:

No desdeñes ninguno de esos pelos que han quedado en el suelo. Cualquiera de ellos permitirá que te reconstruyan de arriba abajo dentro de miles de años. A los ojos de la ciencia valen mucho más que tú.

Ole, ole y ole. ¿Qué más puedo decir? Pues que si quieres visitar su web sólo has de pinchar aquí o entrar http://www.santiagogil.com. Seguro que encuentras algo de lo que te hace falta.

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