Comienzo la lectura de El traje del muerto, la novela de Joe Hill. Con este pseudónimo se presenta al gran público el hijo de Stephen King, Joseph Hillstrom King, “renegando” de su apellido para que se lo conozca por su obra y no por su ascendencia.

Contraportada:

Jude Coyne es una estrella de rock, al estilo de Marilyn Manson, ya retirada. Vive en una apartada mansión, con la única compañía de su representante y una novia mucho más joven que él. Lo único que aún le divierte es coleccionar objetos relacionados con lo sobrenatural. Rizando el rizo, decide pujar por un fantasma que se subasta por Internet y, días después, recibe una extraña caja en forma de corazón que contiene el traje del muerto. Al poco tiempo, el espectro, Craddock, se le aparece, de forma muy sutil al principio y, enseguida, terriblemente amenazador. Cuando su asistente se suicida, Jude y su novia deciden abandonar la mansión y emprender una desesperada huida para salvar sus vidas… pero resulta muy difícil escapar de un fantasma, y mucho más si éste viene directamente del propio pasado.

Escribieron de esta novela:

Tarde o temprano los muertos te alcanzan
«El traje del muerto es, sencillamente, la mejor opera prima de terror desde que Clive Barker escribió su Damnation Game hace veinte años. Es el tipo del libro para el que los exagerados adjetivos que se utilizan en las contraportadas de los libros -sobrecogedor, absorbente, impactante, imposible de soltar- encajan a la perfección, ya que es todas esas cosas además de enormemente inteligente. Una auténtica y terrorífica novela llena de personas con las que uno se identifica; la clase de libro que permanece en la memoria después de haber finalizado su lectura. Tiene toda mi admiración». Neil Gaiman, The New York Times.
«La primera y apasionante novela de Joe Hill está repleta de momentos tan espeluznantes que te hielan la sangre o tan escalofriantes como una llamada telefónica de un viejo amigo muerto». Entertainment Weekly.
«Inquietante… con tantos giros y sustos que los lectores al llegar al final se quedarán pálidos agarrando con fuerza los brazos de su sillón». Denver Post.

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